viernes, 6 de julio de 2018

Doomsday: El día del juicio (2008)


                                 El fin está cerca

                                          
Hace 10 años que se adentró en la ciencia ficción el cineasta Neil Marshall con una historia ambientada en la Escocia del futuro,dónde el país ha quedado en cuarentena debido a un virus letal hallado en Londres, llevando a los líderes políticos a enviar un equipo encabezado por la mayor Eden Sinclair (Rhona Mitra), del Departamento de Seguridad Nacional, hasta el norte de Gran Bretaña para dar con una posible cura. El equipo de Sinclair se encuentra con dos tipos de supervivientes: merodeadores y caballeros medievales. La idea de Doomsday fue concebida por Marshall como el encuentro entre soldados futuristas frente al segundo grupo de resistentes, inspirándose para su tercera producción en películas como Mad Max,Rescate en NY o 28 días después.

Marshall además contó con mayor presupuesto del que dispuso para Dog Soldiers y The Descent, rodando la cinta entre Escocia y Sudáfrica para las productoras independientes Rogue e Intrepid en asociación con Universal, siendo por tanto su primer trabajo para un estudio importante de Hollywood. Mitra sería en medio de esta aventura apocalíptica una heroína al estilo Snake Plissken pero más atractiva, buscando su redención por el camino más duro. Como concepto sobre el aislamiento, Marshall tomó de referente el Muro de Adriano que sobrevive como ruina romana en Reino Unido, separando Inglaterra de sus vecinos norteños, antaño organizados en tribus.

                                             
En 2008, un virus letal conocido como el Segador ha infectado toda Escocia. Incapaces de contener el brote o de curar a los infectados, el gobierno británico construye un enorme muro de 9 metros que aísla el país del resto de Gran Bretaña, siendo un éxito dicha cuarentena pero a la vez un método extremo el empleado por el gobierno, dañando las relaciones diplomáticas y económicas entre Reino Unido y el resto del mundo, provocando que se conviertan en un estado paria y llevando al mismo a un fuerte desempleo, agitación social y severa confusión económica. En otras palabras, R.U. ha pasado a ser una distopía (un pequeño inciso: este filme puede verse como parábola del Brexit).



27 años después, tras la cuarentena, un grupo de agentes de la policía armada descubren a varias personas infectadas con el virus del Segador durante una reciente investigación. El primer ministro del Reino Unido, John Hatcher (Alexander Siddig), comparte con el jefe de seguridad nacional, el capitán Bill Nelson (Bob Hoskins), imágenes por satélite de supervivientes en Escocia. Creyendo que puede existir una cura, Hatcher le ordena a Nelson que mande un equipo hasta allí para dar con el investigador médico principal, el doctor Marcus Kane (Malcolm McDowell), quien ha estado recientemente trabajando en una cura durante la cuarentena que asoló al país durante un largo periodo.

                                                        
Un viernes santo, Nelson, como jefe de Sinclair y emulando sus tiempos de sabueso, la elije como su principal agente de policía al haber nacido en Escocia para liderar el equipo. Estos cruzan el muro hasta Glasgow, último lugar donde se supo del paradero del doctor Kane, el científico que ahora vive como un señor feudal en un castillo abandonado y con un ejército medieval a sus órdenes y controlando zonas del país (otro inciso: este papel le viene como anillo al dedo al que fuera protagonista de La naranja mecánica, sólo podemos imaginar a otro y sería Sean Connery) como si fuera el rey Lear o el antagonista de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad.

En Glasgow, buscando el hospital local para dar con supervivientes, Sinclair y su equipo son emboscados por un grupo de merodeadores. El sargento Norton (Adrian Lester) y el doctor Ben Stirling (Darren Morfitt)logran escapar mientras que el equipo sufre numerosas bajas. Sinclair y el doctor Talbot (Sean Pertwee) son capturados por lo que parece ser un enorme grupo de caníbales brutales, siendo ella interrogada por el líder, Sol (Craig Conway), hijo de Kane. Con un tatuaje parecido a una señal de peligro biológico en su espalda y una enorme cicatriz por su pecho, se ha distanciado de su padre y ha formado su propio ejército. Durante la cuarentena original de 2008 era un niño.

                                            

Sol planea usar la influencia de la muchacha para cruzar el muro, permitiendo que su ejército comience su invasión a Inglaterra, que llevará a Gran Bretaña hacia una edad de oro. Luego se marcha a un sacrificio ceremonial con el resto del grupo para asar vivo al doctor Talbot antes de comerse su cuerpo. Con la ayuda de Cally (MyAnna Buring), la hija de Kane que también está prisionera, Sinclair escapa junto a Norton y Stirling en un tren y mata a Víbora (Lee-Anne Liebenberg),una salvaje que es la mano derecha de Sol. Mientras, Hatcher planea secretamente aislar la zona central de Londres debido a la infección, pero sin embargo un afectado irrumpe en su despacho para tratar de matarlo.

Nelson dispara hasta acabar con la vida del intruso, cuya sangre salpica a Hatcher. Michael Canaris (David O´Hara), un veterano miembro del gobierno británico que no se sabe muy bien que cargo ocupa, se revela como el titiritero del primer ministro, quien parecía un personaje compasivo pero que manipulado por este no es más que otro político corrupto. Canaris es además un tipo con una clara tendencia al fascismo, una versión británica de Hitler, quien pone en cuarentena a Hatcher y ocupa su lugar como jefe de gobierno al tiempo que el depuesto se suicida. Tras bajarse del tren, el grupo de Sinclair es arrestado por soldados armados con arsenal y protección arcaicas, llevados hasta un castillo.

                                                   
En la prisión medieval, Marcus Kane le cuenta a Sinclair la verdad: no hay cura, sino gente con inmunidad natural. El que fuera investigador médico quedó desolado cuando su familia fue abandonada durante la cuarentena, y al perder a su esposa se convirtió en un líder retorcido y sádico, sentenciando a Sinclair y a su grupo a morir, arrojando a la chica contra su verdugo, Telamon, a una pequeña pelea sólo para entretener a sus seguidores. Sin embargo, Sinclair vence a Telamon y lo mata, aprovechando el duelo el resto del grupo para escapar, recuperar el equipo y rescatar a la muchacha. Todos ellos huyen hasta la entrada de un refugio nuclear montados a caballo, dando con una instalación subterránea.

En el bosque hallan intacto un Bentley Continental GT que llenan de combustible mientras llegan los caballeros medievales de Kane y matan a Norton. Sinclair y el resto conducen el Bentley de vuelta hasta el muro de la cuarentena, pero son interceptados en el camino por el grupo de Sol, quien busca venganza por la muerte de Víbora. Tras una rápida persecución, este y sus hombres son aniquilados, por lo que Sinclair y compañía escapan, pero al coche lo rastrea un avión de combate del gobierno, con Canaris llegando allí y revelando que dejará que el virus continúe como medida de control de población y para su beneficio. Sinclair le contesta que no hay cura según Kane y este le toma la palabra.

                                                  
Canaris revela que la sangre de Cally se usará como vacuna para el virus, justo cuando ella y Stirling abordan el avión, con Sinclair al margen. Nelson vuela hasta la zona de cuarentena para hablar con la muchacha y esta le entrega una grabación de la conversación que derrocará a Canaris, pues es retransmitida al resto del país. La chica recupera la cabeza de Sol y se la devuelve a su grupo, quienes la observan y deciden que Sinclair sea aceptada como nueva líder de los merodeadores en la frontera (que da más juego que si estuviera ambientada en la de EEUU y Canadá).La plaga queda así vista para ser erradicada una vez ha terminado la trama (como pasaría en 28 semanas después).

Los homenajes de Marshall en Doomsday son de lo más diverso posible, de las secuelas clásicas de Mad Max (con Mitra como la versión femenina de Rockatansky) a Excalibur (como manejó John Boorman la estética medieval), pasando por Los amos de la noche (el mítico título de Walter Hill sobre bandas de guerreros urbanos) y filmes apocalípticos antiguos y modernos como Contaminación, El último hombre...vivo, Un muchacho y su perro, Waterworld o Hijos de los hombres. Se diría que incluso hay influencia de Gladiator, pues la escena del combate reproduce la que Russell Crowe inmortalizó en la cinta de Ridley Scott e hilando muy fino, podríamos meter otros títulos de culto como Metalstorm o Zulú.

                                              
Y es que en una cinta apocalíptica te puedes encontrar hasta referencias a la obra de Terry Gilliam, aquí en concreto a El rey pescador (redención moral), por lo que no todo es tan salvaje. Con todo ello, el presupuesto invertido (en libras esterlinas) por Rogue doblaba a lo realizado previamente por Marshall, dos títulos de terror de culto modestos, suponiendo para este un desafío en cuanto al reparto y a los lugares de rodaje, con más diálogos, extras, escenas de acción elaboradas con explosiones y persecuciones, etc. El muro de la muerte además era más rentable hacerlo fuera de R.U. y por eso se filmó en Sudáfrica más tiempo que en Escocia (el continente negro no se compara con Gales o Irlanda).

Glasgow además es una ciudad que se presta muy al ambiente tenebroso de la película, porque la zona en la que está abunda en castillos siniestros y permite rodar buenas escenas de lucha dentro de lo razonable. En el apartado automovilístico, la persecución recuerda mucho a las de Bullitt o a cuando hemos visto rodar sobre asfalto el Aston Martin de Casino Royale. Sin querer hacer publicidad de la marca, se optó por varios Bentley que también se lucen en pantalla. La marca de la casa de Marshall, violenta y sangrienta, deja huella en las víctimas del Segador con una serie de síntomas similares a los de las infecciones de transmisión sexual, visualmente igual de impactantes.

                                                     
La música pensada para la ocasión pedía a gritos mucho sintetizador, pero en su lugar se optó por la composición final de Tyler Bates y canciones de grupos comerciales como Frankie Goes To Hollywood (Two Tribes) o Siouxsie and the Banshees (Spellbound). Así, la película pasó por los cines sin demasiada fortuna porque no recaudó lo suficiente y se confirmó que el cambio de género para Marshall fue complicado al haber realizado sus cuentos de terror por nada y menos, mientras que aquí con más dinero el esfuerzo es vano, salvando ciertas escenas elaboradas en medio de un guion con muchas referencias entrelazadas. Se puede decir que, como con el virus, la película fue puesta en cuarentena.

Es una pobre imitación de thrillers futuristas que ya hemos visto previamente pero sin apenas cohesión narrativa y un elenco poco carismático. Un producto de terror trillado donde lo más emocionante es ver Glasgow amurallada, agradable a ratos entre la pesadumbre de tantas muertes pero condenado por un decepcionante desenlace. Reitero lo ridícula pero entretenida que resulta verla como alternativa para un día sin mayores propuestas cinematográficas y donde las escenas de riesgo no aceptan otros sustitutos. No se puede pedir mucho más a una película donde su heroína se enfrenta a una epidemia letal por la cual no morirá y en la que el escenario devastado es una Escocia repleta de caníbales.

                                                
Como todo cuento en el que el paisaje es una parte esencial de la trama podría haber al menos atraído a los turistas más curiosos a conocer de cerca el terreno escocés que aparece en la película. En lugar de ello lo que lanza es un sutil mensaje de resentimiento político local hacia el gobierno central de la capital británica, por lo que el rodaje salió en ese aspecto como un tiro sin fuerza, con algunos seguidores entre tantos detractores y sin que dejase el impacto de los anteriores trabajos de Marshall. Cuando llegue Halloween más de uno se subirá al carro de esta fábula sobre infectados para los más entusiastas del género.

Puntuación: 6

                                                              



martes, 3 de julio de 2018

Hellboy II: El ejército dorado (2008).


             Salvar el mundo es un trabajo infernal

Un superhéroe como Hellboy no es el típico que todos conocemos. Mike Mignola lo creó para Dark Horse tras curtirse en Marvel y DC (participando en esta última en títulos como Gotham: Luz de gas), siendo llevado a la gran pantalla por Guillermo del Toro en esta secuela de la que ya dirigiese en 2004 y donde vuelve a ser protagonista Ron Perlman, sólo que ahora la cinta la produce otro estudio, Universal, y se aleja por completo de su característica atmósfera gótica para pasar al fantástico puro y duro, una seña de identidad fiel a la de los cómics de la editorial norteamericana que lidera Mike Richardson y donde Mignola ha dado rienda suelta a su peculiar universo gráfico tan similar al de Del Toro.

Durante las navidades de 1955 en Nuevo México, el joven Hellboy oye un cuento que le narra en la cama su padre adoptivo, Trevor Bruttenholm (John Hurt), acerca de una antigua guerra entre humanos y criaturas mágicas. Una vez que los primeros hacen retroceder a los segundos, los duendes herreros le hacen una ofrenda a Balor (Roy Dotrice), el rey de los elfos, de construirle un ejército mecánico indestructible. Animado por su hijo, el príncipe Nuada Silverlance (Luke Goss), Balor acepta, por lo que el Ejército Dorado diezma a toda la humanidad. Arrepentido por sus actos, Balor hace una tregua con los humanos para mantener las ciudades libres de criaturas mágicas porque estas se irán a los bosques.

                                                 
La corona para gobernar el Ejército Dorado sólo la puede llevar alguien de sangre real, por lo que es dividida en tres partes, lo que provoca que un Nuada indignado por la tregua se marche al exilio. En el presente este regresa y comienza a reunir las piezas de la corona, logrando la primera en una subasta en donde mata a todo el mundo tras soltar criaturas mitológicas con formas de animales y la segunda tras cargarse a su padre. Su hermana gemela, la princesa Nuala, huye con la última pieza. Mientras, en la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal (AIDP), Hellboy tiene problemas con su novia, Liz Sherman (Selma Blair), aparte de que no le gusta que su organización opere en secreto sus investigaciones.


Tras la masacre en la subasta, Hellboy provoca que su existencia sea revelada al mundo entero y durante tal conmoción, Abe Sapien (Doug Jones) descubre que Liz está embarazada, lo cual a ella no le ha gustado porque lo mantenía en secreto. Furiosos por los actos de Hellboy, los superiores de la Agencia envían a un médium ectoplasma llamado Johann Krauss (voz española de Santiago Segura) para tomar las riendas. Con Krauss al cargo, el equipo localiza a las criaturas mitológicas hasta un mercado secreto bajo el puente de Brooklyn, donde Abe (voz española de José Mota) encuentra a Nuala, quien ha conseguido un mapa que lleva hasta el Ejército Dorado, enamorándose de ella.

                                                  

Hellboy lucha y mata a uno de los cómplices de Nuada, Guiñitos, así como a un dios elemental del bosque al que el villano ha invocado contra Rojo. El príncipe rebelde no entiende porque el demonio protege a los humanos que han ocultado a las criaturas mágicas si él también es uno de ellos, a la vez que la princesa acaba siendo protegida por la AIPD, yendo hasta allí su malvado hermano gracias a su vínculo mágico como mellizos que les hace compartir heridas y leer los pensamientos del otro. Nuala oculta la última pieza de la corona de la vista de Nuada antes de que la encuentre este, quien se enfrenta a Hellboy hasta herirlo gravemente con su lanza y raptar a su hermana, prometiendo que la entregará a cambio del trozo.

Sin poder quitarse la esquirla de la lanza de su herida, Liz, Abe y Krauss se llevan a Hellboy hasta donde se encuentra el Ejército Dorado, en la Calzada del Gigante, Irlanda del Norte. Allí se topan con el maestro herrero duende de Bethmoora, quien los lleva ante el Ángel de la Muerte para recuperar la esquirla de la lanza. Avisados de que Hellboy condenará a la humanidad si sobrevive, siendo Liz la que más lo sufrirá, esta suplica por la vida de Rojo. El Ángel le quita la esquirla a Hellboy del pecho y le dice a Liz que le dé una razón para vivir, revelándole que será padre, haciendo que se recupere. El duende conduce al equipo hasta donde descansa el Ejército Dorado, con Nuada esperándoles.

                                                    
Abe le entrega el último fragmento de la corona y Nuada logra así despertar al Ejército Dorado, al cual lidera para matar al equipo. Hellboy lo desafía para ver quien tiene el derecho a dirigirlo, y es que Rojo es hijo de un príncipe de Sheol, por tanto miembro de la familia real del Infierno. Nuada debe aceptarlo y Hellboy lo derrota, aunque le perdona la vida pero el villano trata de apuñalarlo. Nuala se sacrifica para detener a su hermano, y ya moribunda le dice a Hellboy que tendrá que elegir sí debe morir la humanidad o los seres mágicos. Abe comparte mentalmente sus sentimientos con la princesa antes de que esta muera, mientras Liz derrite la corona para desactivar al Ejército Dorado.

Hellboy, Liz, Abe y Johann renuncian a seguir en la AIDP, con el primero contemplando su vida futura con la chica y su bebé, a lo que ella le corrige porque son bebés, revelando que está esperando gemelos.

                                                     
El responsable tras la premiada El laberinto del fauno rodó esta esperada secuela en tierras húngaras con la idea de concluir con una tercera entrega y cerrar el círculo. Perlman volvió a someterse a horas de maquillaje para meterse en la piel del inmensamente poderoso demonio que trabaja para la AIDP, organización gubernamental del universo creado por Mignola. Del Toro le pone ante el dilema de sí seguir luchando junto a los humanos o reconsiderar su lealtad cuando la fantasía es destruida, enfundando además un arma nueva que dispara fuego, como Liz, quien posee piroquinesis. Por si fuera poco, Jones encarna no sólo a Abe, la criatura marina enamorada, sino también al andrógino Ángel y a un guardián de Balor.

Krauss hace su primera aparición en pantalla aquí, siendo un psíquico alemán cuyo ectoplasma está dentro de un traje especial tras una sesión espiritista que fue una chapuza. En versión original le pone la voz Seth MacFarlane (Padre de familia), quien sustituyó al inicialmente previsto, Thomas Kretschmann. El hijo del rey Balor es un experto en artes marciales con una extraordinaria competencia y cuyo actor hizo del vampiro mutante Jared Nomak para Del Toro en 2002 en Blade II. Goss se hizo con el papel por delante de Charlie Hunnam, quien luego trabajaría a las órdenes del mexicano en Pacific Rim y La cumbre escarlata. Se tuvo que entrenar a fondo para luchar y hablar como Nuada.

                                           
Anna Walton es Nuala, el yin del yang que representa su hermano. El mismo año que se hizo esta secuela coincidió con Perlman en la cinta independiente Crónicas mutantes.

Columbia, productora de la primera parte, cedió los derechos del personaje a Universal por temas financieros y estos rodaron la secuela entre el país magiar e Inglaterra. Del Toro quiso incluir versiones de monstruos clásicos del estudio como el monstruo de Frankenstein, el conde Drácula y El Hombre Lobo, así como uno del universo Mignola, Roger el Homúnculo, que sólo aparece brevemente como estatua gigante en las oficinas de la AIPD, construidas en los decorados de Budapest. La banda sonora la compone Danny Elfman, un ya habitual de las películas de cómics desde que hiciera la música de Batman, mientras que en el plano visual el colorido fotográfico de cada escena lo pone Guillermo Navarro.

                                              
La precisión en dicho apartado es casi rococó, individualista y de colores luminosos,suaves y claros, predominando elementos mitológicos relacionados con el Diablo y el cine de serie B. En ese aspecto gana mucho al superar los problemas narrativos vistos en otras adaptaciones de cómics cómo Iron Man, El Increíble Hulk o cualquiera de las películas del Hombre Murciélago (excepto El Caballero Oscuro), cayendo algo el nivel con respecto a lo que venía de ofrecer el mexicano pero logrando un divertimento a medio camino entre Los Cazafantasmas y el universo de Harry Potter. A Rojo se le nota más despreocupado y temerario que en la anterior entrega, lo cual es parte de la mitología del personaje.

El guion podría haber ganado mucho más peso fantástico si hubiera colaborado en él Matthew Robbins, quien ha trabajado con Del Toro en Mimic y La cumbre escarlata, tal vez llenando la trama con más criaturas imaginarias y con algún tipo de prologo que llevase directamente a la escena de la subasta, por ejemplo algo ambientado en una tierra mítica como Rumanía y con la presencia de nazis. De esa forma hubiera sido como en las viñetas que publica Dark Horse, pero también podría haber acabado como parte de un videojuego. Es después del final como quedaba planteado el futuro, con una secuela que terminó cancelándose por culpa de El Hobbit, que pudo dirigir Del Toro como una sola película.

                                              
Guillermo pretendía rodar la tercera entrega tras esa cinta y sus ansiadas adaptaciones de Frankenstein y En las montañas de la locura, pero no se encontraba del todo inspirado para hacerla realidad. Mignola fue quien más dudas mostró de sí continuar explorando el nuevo mundo infernal de Hellboy, a lo que el mexicano barajó el llevar la producción a Legendary, donde hizo Pacific Rim y La cumbre escarlata con el productor Thomas Tull. Hubiera sido un final épico para el personaje en pantalla y la despedida ideal para Perlman del papel, pero de nuevo otro proyecto sin participación directa del cineasta latino lo impidió, la secuela de PR, una decepcionante Insurrección que ha sido el último clavo en el ataúd.

Sin financiación posible, Del Toro abandonó la silla de director y sólo Perlman permaneció abierto a seguir encarnando a Hellboy, tal cómo aseguró en las redes sociales, pero definitivamente el mexicano cerró la puerta a dicha última esperanza de hacer una secuela con todas las partes implicadas. Con ello se cancelaron además otros derivados que hubieran formado un universo compartido centrado en los personajes que trabajan para la AIDP y ambientado en épocas como la Alemania nazi de la segunda guerra mundial o la Inquisición Española, sopesando el regreso del personaje al que encarnó en la primera parte Rupert Evans o hasta la presencia de Grigori Rasputin, también villano de aquella.

                                                  
Sin esos spinoffs de Silverlance o Abe Sapien, Hellboy cerraba una página de su paso por pantalla al no haber nada que producir suyo..... hasta el sorprendente e imprevisto anuncio del reinicio que veremos en 2019 y que dirigirá Neil Marshall, quien ha sido elegido por Mignola tras matar a su creación para resucitar su mundo en un nuevo estudio, Lionsgate, y con un actor que releva a Perlman, nada menos que una de las estrellas adultas de Stranger Things,David Harbour. El padre de la criatura ha escrito el guion junto a Christopher Golden, con quien ha trabajado en los cómics del personaje y del universo del mismo.

Puntuación: 7

                                              






miércoles, 27 de junio de 2018

Stargate: Puerta a las estrellas (1994)


       Te llevará a un millón de años luz de tu hogar

                                            

La película original de 1994 que inició la franquicia de ciencia ficción y aventuras en la que un grupo de militares deben averiguar la función del dispositivo titular, una reliquia en forma de anillo conocida como la Puerta Estelar, que crea un agujero de gusano que permite viajar por todo el universo, casi siempre hasta otro portal similar . Producida entre MGM y Carolco, el guion lo escribieron Dean Devlin y Roland Emmerich, con el segundo dirigiendo a un reparto formado por Kurt Russell, James Spader, Jaye Davidson, Mili Avital y Viveca Lindfors. La trama también se centra en la hipótesis de los antiguos astronautas, alienígenas ancestrales o básicamente contacto extraterrestre con humanos.

Este preludio a Independence Day, de los mismos responsables, actualmente está en manos de StudioCanal y Lionsgate, si bien ambas películas son parte de la productora de Devlin y Emmerich, Centropolis, debido a que MGM perdió los derechos de Puerta a las estrellas en la época que estuvo en números rojos.

El experto en Egiptología y lingüística Daniel Jackson (Spader) es invitado por Catherine Langford (Lindfors) a traducir jeroglíficos egipcios desenterrados durante labores de arqueología por su padre en Guiza (Egipto) en 1928. Jackson es llevado a una instalación de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, donde el piloto Jack O´Neill (Russell) le cuenta que el proyecto es información clasificada, determinando el primero que los jeroglíficos se refieren a una puerta estelar que usa constelaciones como coordenadas espaciales. Al usarlas alinean el anillo metálico de la Stargate con las marcas exteriores y toda vez que las siete son cerradas, se abre el agujero de gusano que técnicamente permite el viaje a través del tiempo.

                                                      
Así se conecta la Stargate con un planeta distante, el árido y desértico Abydos, donde hallan una estructura con forma de pirámide. Jackson logra comunicarse con los humanos que viven allí al hablar una variante de la lengua egipcia, percatándose de que las tribus los ven como emisarios de su dios Ra (Davidson). El jefe tribal, Kasuf (Erick Avari), le ofrece a Jackson a su hija Sha´uri (Avital) como regalo para que se case, y aunque la rechaza inicialmente, luego acaba enamorándose de ella. Durante sus investigaciones, Jackson se topa con un cartucho egipcio que contiene seis de los siete símbolos necesarios para la Stargate, ya que el último se ha roto. Luego, Ra coloca el cuerpo de Jackson en un aparato parecido a un sarcófago para regenerarse.

En la versión del director hay varias escenas que fueron cortadas para su estreno en cines. La primera de ellas ocurría inmediatamente tras la excavación de la Stargate en 1928 y mostraba a los guardas de Horus (Djimon Hounsou) petrificados cerca de las piedras, quienes supuestamente intentaron atravesar la puerta tras enterrarla. El personaje de Russell sufre un periodo de depresión suicida después de que su hijo se disparase accidentalmente y se matase con la pistola oficial del padre. Spader hace de un arqueólogo y lingüista al que apenas le aceptan su teoría de que la Gran Pirámide de Guiza no fue construida por los faraones de la cuarta dinastía de Egipto. Ra es por tanto un poderoso extraterrestre con forma humana.

                                            
Este ha viajado por todo el universo buscando un nuevo huésped que pueda aguantar su moribundo cuerpo, tomando la forma de un curioso adolescente y a continuación esclavizando a la gente de la Tierra, el planeta definitivo en su odisea. Usando la Stargate, los transportó hasta su hogar hasta que estos se rebelaron y enterraron la puerta estelar. La doctora Langford, hija del profesor, es la líder civil del proyecto Stargate y estuvo presente cuando la puerta estelar fue descubierta en Guiza en 1928, siendo una niña y recibiendo de su padre el amuleto con el Ojo de Ra. La cronología de la película se desarrolla produciéndose primero la escena retrospectiva de como era el huésped humano de Ra antes de ser alien.

A Davidson no se le ve el cuerpo completo porque se negó a que le filmasen con un piercing en el pezón. El rodaje exterior se llevó a cabo en Yuma, en el mismo lugar que se hizo Rambo: Acorralado -Parte II, mientras que los interiores se rodaron en Long Beach (California). El texto sobre el jeroglífico de la piedra y su traducción en la pizarra tiene dos versiones, una original y la otra modificada por Daniel Jackson. Literalmente dice millones de años en el cielo Ra como la esfera solar sellado y enterrado eternamente en la puerta a sus estrellas, pero la traducción definitiva reza A millones de años en el cielo se encuentra Ra el Dios Sol, sellada y enterrada para siempre su puerta a las estrellas.

                                            
La banda sonora y toda la música que acompaña a la historia del faraón de otro mundo la compuso David Arnold, quien luego llegó a ser el encargado de la saga de James Bond durante una década y que colaboró de nuevo con Emmerich en ID. Es, con todo lo dicho, una película odiada y amada a partes iguales. En lo negativo tendríamos el exceso de clichés que tanto molesta a los críticos y que en su día dijeron que la podría haber firmado perfectamente Ed Wood, mientras que en lo positivo tenemos una entretenida mezcla de Star Wars con Ben-Hur que además continuó con la serie SG-1. La invasión sólo había comenzado, el espacio estaba bajo el fuego cruzado y su director se presentaba como un sinónimo de acción.

Stargate pudo haber dado inicio a una trilogía, pero ni Emmerich ni Devlin llegaron a desarrollar más entregas, pues había potencial para más secuelas, aunque en su lugar tuvimos directamente para vídeo filmes basados en las tramas de la serie televisiva. Al menos si lograron hacer una secuela para ID, ya que de la Puerta a las estrellas dieron prioridad a su versión de la pequeña pantalla, creada por Brad Wright como derivada de la cinta original para ser emitida en Showtime y estar en antena una década, partiendo de la misma continuaciones como la animada Infinity, Atlantis y Universe. Hay importantes diferencias con las series, como el hecho de contar con otros actores, por ejemplo Michael Shanks (Jackson).

                                            
Richard Dean Anderson (O´Neill) también se apuntó a atravesar la puerta que lleva hasta los confines del universo en la serie de TV, donde vuelven a salir los habitantes esclavos del mundo alien de Abydos, descendientes de los egipcios enviados allí desde la Tierra, pero ya sin estar a millones de años luz en otra galaxia, sino dentro de la Vía Láctea. Ra había sido concebido originalmente con la forma de un humanoide según una serie de bocetos del encargado de FX Patrick Tatopoulos, pero pasó a ser de la raza Goa´uld, quienes gobernaban como Señores del Sistema. En definitiva, un desvío importante que llevó a plantear la idea de un reinicio con Warner involucrada en el guion y que no veremos de momento.

Puntuación: 7

                                                       




lunes, 25 de junio de 2018

Legión (2018) Segunda parte.



                                                        
En la segunda temporada de Legión regresa el reparto de la primera, a los que se unen dos que eran invitados previamente, Jemaine Clement y Hamish Linklater, con la incorporación de Navid Negahban y el traslado del rodaje a Hollywood, California por cuestiones económicas,de nuevo con prioridad por los efectos prácticos para el equipo de la serie. El villano vuelve a ser el parásito Rey Sombra que encarna el actor de origen persa, quien ahora busca su auténtico cuerpo tras verse obligado a salir fuera de la mente de Haller al final de la anterior temporada. Su sobresaliente acogida este año ha propiciado que para 2019 tengamos una tercera parte que continúe las andanzas de este mutante de Marvel que nos trae Hawley.

En el primer capítulo, el Narrador explica como las ideas llevan a la locura y al engaño, relatando la historia de Zhuangzi, un filósofo de la antigua China precursor de lo que hoy llamamos anarquismo como utopía social. En el tercero se presenta el llamado efecto nocebo, que en medicina hace referencia al empeoramiento de los signos de una enfermedad por la expectativa, casi siempre inconsciente, de la respuesta negativa de la medicina alternativa que se lleva a cabo en ensayos clínicos y que en métodos de investigación suele atentar contra la ética médica. Ese trastorno de conversión, antaño llamado histeria, se refiere a un diagnóstico de los síntomas que afectan al comportamiento.

                                              
Esto suele vincularse a la histeria colectiva como la mencionada por el narrador sobre la letal epidemia de baile de 1518 en Estrasburgo (Francia), un acontecimiento inusual ocurrido en el Sacro Imperio Romano Germánico, así como la epidemia de la risa de Tanganica, otro incidente posterior ya de 1962. En el quinto se habla de ejemplos del fenómeno psicológico de la pareidolia, donde un estímulo vago y aleatorio, casi siempre una imagen, se percibe erróneamente como una forma reconocible, haciendo que el cerebro vea caras en objetos, ilusiones ópticas que son realmente prejuicios cognitivos, engaños mentales que han influido en la cultura y religiosidad humanas.

En el capítulo sexto vemos a una versión de David en otra vida donde es un drogadicto que discute acerca de la teoría del multiverso (un guiño al de la propia Marvel) y en donde existen otros como él, ya sea un anciano cuidado por Amy o un hombre feliz que goza de una existencia placentera en las afueras. En el séptimo, dirigido por Charlie McDowell (The One I Love, Silicon Valley, The Discovery), el narrador habla sobre el pánico moral en relación a la trama del episodio, con una similitud a la caza de brujas clásica. En el octavo se trata el narcisismo como la más inquietante de todas las ilusiones y se prepara el terreno para acabar con el antagonista que encarna el actor visto en Homeland.

                                       
Con unos guiones que ojearlos probablemente requieran de segundas lecturas para su comprensión, el viaje de Haller continúa en esta nueva temporada de Legión en su guerra contra el Rey Sombra, la cual aumenta en crueldad y reuniéndose con su hermana Amy. El contexto tan loco que acompaña esta etapa lo narra además en su versión original Jon Hamm, en su retorno a la pequeña pantalla tras los años que protagonizó Mad Men y con una sólida carrera en cine apareciendo en The Town, El chico del millón de dólares o Baby Driver. Un actor que sí aceptó trabajar, al contrario que Saïd Taghmaoui (Wonder Woman), quien previamente había sido reclutado como el diabólico villano de aspecto exótico.

FX añadió esta temporada un capítulo adicional al universo de Legión para mayor confusión, pues esta vez David cuenta con aún más entidades interiores, con Stevens adaptándose a las necesidades de un Hawley que ya tiene dos éxitos en esta cadena (de Fargo no nos olvidamos, por supuesto). Hay un gran salto temporal que hace que todo sea más sinuoso y extraño, una exquisitez sin duda. Volviendo a la narración, la intención lograda se asemeja a cómo Alec Baldwin hizo lo que aquí Hamm en Los Tenenbaums de Wes Anderson o Rod Serling en La dimensión desconocida. En el diseño de la temporada también es notorio el efecto sonoro de ese peculiar castañeteo de dientes de los afectados por el virus mental del Catalizador.

                                                         
La mayoría de los decorados tienen forma de hexágono y con fondos de pantalla como los de los ordenadores, pero llama la atención un personaje que deambula por la División 3, un tipo parecido a un robot que pertenece al modelo Bermellón, el almirante Fukyama, quien se comunica a través de féminas con poderes psíquicos y bigotes idénticos a los del actor Dennis Franz (La jungla 2,Policías de Nueva York). La guarida de Cary Loudermilk parece el laboratorio típico de los cómics de superhéroes, incluyendo una cámara de amplificación que homenajea a la máquina Cerebro característica de los X-Men, basada en tanques de aislamiento sensorial para alterar la conciencia.

                                             
En el capítulo inicial de la temporada el estilo personal del creador sigue intacto en momentos como la garbosa pelea /baile que tiene lugar entre el protagonista y su némesis que ha tomado la forma de Oliver y Lenny. También se nombra, como conexión compartida con el universo mutante de los cómics, a la raza alienígena Shi´ar, la cual saldrá pronto con un papel muy importante en la producción de Marvel de X-Men Fénix Oscura. Legión muestra en esta segunda tanda las duras opciones a las que debe enfrentarse David, aparte de saltar a la pista de baile en plan psicodélico. Visualmente se reinventa pero nos deja con las ganas de ver a Patrick Stewart (o a James McAvoy) como Charles Xavier.

                                                       
Bryan Singer no estuvo en Los Ángeles para esta segunda temporada de Legión como productor tras haber dirigido el piloto de la otra serie ambientada en el universo X-Men debido a las acusaciones de abuso sexual que han acabado con su carrera y que se remontan a los tiempos de Verano de corrupción, así como a demandas por dichos motivos de hace cuatro años similares a las de Harvey Weinstein. FX y él acordaron romper su acuerdo justo cuando también saltó la noticia de la propuesta para la adquisición de Fox ya sea por parte de Disney o Comcast, quienes pujan por hacerse con el estudio. De hecho, Hawley tiene pendiente desarrollar con ellos una película sobre el Doctor Muerte de cara al futuro.

                                                

El mérito de esta serie fue una tendencia que ya empezó Deadpool, consistente en ofrecer algo completamente diferente de la saga principal de X- Men o de la trilogía de Lobezno (con Logan como la entrega más alejada del género) y que se espera continuar con otros filmes como Los Nuevos Mutantes. El surrealismo de Legión se hace notar como un miembro fantasma, ese síndrome de que algo sigue conectado a un cuerpo principal aunque se haya amputado. Ese estilo tan remanente de los tiempos de The Who o de los primeros trabajos de Terence Stamp es lo más cerca que se aproxima a dar vida a las ilustraciones de Sienkiewicz, en un esfuerzo sólo antes logrado por la serie Hannibal.

                                         
Hawley ha preferido doctorarse en televisión antes que en cine y adaptando una obra de Marvel lo segundo puede estar más a su alcance. Ha subvertido el género de superhéroes situando esta serie en un universo paralelo ficticio al MCU, que no parte de él aún, pues no esperamos ver al hijo del Profesor X compartiendo escenas con Iron Man, Daredevil o Spiderman. Esta serie no va a terminar en una reunión al estilo The Defenders de Netflix, tendrá conexiones con X-Men pero es cuestión de tiempo si FX iniciará una franquicia Marvel a partir de ella. Conviene recordar que la otra serie, The Gifted, se emite en Fox y por tanto no pueden cruzarse aunque sean de la misma compañía.

                                               

Para acabar este análisis, recordar sólo que David Haller sufría originalmente trastorno de identidad o síndrome de personalidad múltiple, aquí cambiado a enfermedad mental de una manera única evitando estereotipos controvertidos.

Puntuación general: 8


                                                

sábado, 23 de junio de 2018

Legión (2017) Primera parte.


                                              

En televisión de pago FX se ha hecho muy popular gracias a la presencia de Noah Hawley, creador de series muy exitosas como esta basada en el personaje de Marvel conocido como Legión, la cual está conectada a las películas de X-Men, siendo la primera que produce para la pequeña pantalla Fox en asociación con La Casa de las Ideas y con Hawley como autor-productor de la misma. Dan Stevens es David Haller, un mutante al que han diagnosticado esquizofrenia desde joven y al que acompañan Rachel Keller, Aubrey Plaza, Bill Irwin, Jeremie Harris, Amber Midthunder, Jean Smart y Katie Aselton durante la primera temporada, cuyos lazos con la Patrulla X son muy sutiles al ser una narración falible.

                                             

En esta colaboración entre el canal y la compañía,la serie no tiene un género específico,si bien a primera vista es ciencia ficción,pero como elemento secundario estaría el thriller psicológico cercano al terror,algo de drama y por último,quizás por intención de Hawley y los productores de la franquicia de hacer algo muy diferente, la fuente super heroica del personaje creado entre Chris Claremont y Bill Sienkiewicz. Hawley, quien además de escribir también dirige, mezcla diseños de los 60 con elementos modernos de hoy en día, filmando la serie desde el punto de vista distorsionado que tiene Haller de la realidad y en la que Legión va evolucionando como paciente por varios hospitales psiquiátricos.

                                                







Desde esa premisa, Haller se encuentra con otros pacientes del mismo psiquiátrico y debe afrontar la posibilidad de que lo que tiene sea algo más que una enfermedad mental. Cada personaje con quien se encuentra en cada temporada es fascinante y los recurrentes también aportan pistas de que sucede ante nosotros los espectadores y que potenciales sucesos le pueden deparar a cada uno de ellos o ellas. Las habilidades del protagonista se van revelando poco a poco desde el piloto, que como toda la primera temporada se rodó en Vancouver (Columbia Británica, Canadá) y empleó más efectos prácticos en cámara que visuales para unir esa atmósfera retro que le da Hawley con su técnica de filmación inusual.

Unido a una música escogida de forma selectiva, la estructura en su conjunto hace que el público se muestre inseguro sobre lo que es o no real. La narrativa de la serie se aclara más conforme avanza y Haller adquiere conocimiento, así como la revelación del villano de turno, el Rey Sombra, quien toma varias formas, incluyendo la posesión del personaje de Plaza. En los ocho episodios iniciales, Stevens se destapa como un actor particularmente bueno para el papel y que se mueve con soltura dentro del diseño visual que ha imaginado Hawley, el cual por supuesto ha sabido trazar con maestría una narración no lineal poco fiable. Menciono que estos dos últimos aspectos pueden no ser del gusto de todo el mundo.

                                              

Últimamente suelen verse muchas series famosas con historias poco fiables, con la particularidad aquí de un protagonista cuyo cerebro funciona como un reloj, parecido a ciertos personajes que hemos visto en Fargo. El pasado de Legión está lleno de preguntas tan desconcertantes como el saber cual es el papel que desempeña la División 3, que representa el Chico Enfadado, que relevancia tiene el personaje al que da vida Jemaine Clement o si habrá hueco para ver al padre biológico de Haller, el Profesor X. No se ha hecho algo así antes en Marvel ni en otras editoriales rivales, pues se ha decidido por un estilo entre !Olvídate de mí! y el del cine de Terrence Malick, David Lynch o Paolo Sorrentino.

El protagonista se convierte en la versión moderna de Alicia en el país de las maravillas,siendo a la vez un narrador no fiable y psicodélico, si bien en el tramo final de temporada hay un episodio cuyo texto es más expositivo a través de la explicación que nos ofrece el personaje que encarna el artista conocido por Downton Abbey y en el que menciona a su famoso progenitor, el cual por cierto guarda un ligero parecido con Patrick Stewart. Desde el primer episodio todo se volvía una locura, como el que Lenny,el personaje de Plaza, muriese pronto pero luego regresase con la forma del mutante villano antagonista, siendo una inspiración de David Bowie el que actúe como alguien del sexo opuesto.

                                          
El estilo ecléctico de la serie permite jugar con todo, desde los escenarios al vestuario, con inspiración visual en el Kubrick futurista de 2001 y de La naranja mecánica y en grupos antiguos como The Kinks. Hay un método detrás de la locura de esas vestimentas tan atrevidas que llevan en Legión. Todo el equipo ha llevado a cabo una ambiciosa labor de recrear el movimiento perpetuo en cada escena como si fuesen viñetas y las desproporciones vistas en clásicos como El increíble hombre menguante o Cariño,he encogido a los niños. Visualmente, Legión es cegadora, poco más puede añadirse en en ese apartado, también con ello resulta intrigante, pero casi siempre conocemos como acaban la gente que ven alucinaciones.


La primera serie de superhéroes de FX comienza como un misterio sobrecogedor y asombroso, intrincado e intimo como sólo Hawley podría realizar, recompensado con una mezcla de humor y sobresaltos, el viaje del héroe que realmente es una odisea mental, embarcando al espectador en una aventura en la que hasta Stevens se marca un surrealista baile exótico en la sala de espera donde han confinado al mutante, real como la vida misma de un maníaco. En la parte musical, Jeff Russo conecta la temática de la trama con Pink Floyd y su álbum El Lado Oscuro de la Luna para reflejar la verdad emocional de sus protagonistas, como el montaje inicial al ritmo de Happy Jack de los Who.

                                         
El primer encuentro entre Legión y su compañera lo marca Ella es un arcoíris de los Rolling, y el baile Bollywood suena a Serge Gainsbourg, haciendo que lo veamos como parte de la extraordinaria realidad subjetiva del héroe con la mente fuera del tiempo y el espacio, como en la escena del falso Bolero de Ravel. Pero el momento definitorio tiene lugar con una fuga del complejo en plano secuencia, donde los efectos visuales se descontrolan como se veía durante la explosión en la cocina del capítulo primero, que no era CGI. Con tal alejamiento de la saga mutante, el productor ejecutivo Simon Kinberg pretende que Legión sea con el tiempo la versión de Breaking Bad para el género.

                                                 

Varias caras que han aparecido en Fargo han saltado a Legión, notablemente Keller, la compañera de Haller, y Smart, pero hay que destacar nuevos fichajes como Midthunder, cuyo personaje padece el síndrome del sabio, un tipo de autismo muy raro que la convierte en niña prodigio, o Aselton, la hermana mayor de David, Amy, quien salió en otra serie de la cadena, La liga fantástica. El episodio piloto deja una sensación de que todo irá de mal en peor, pues sale de las llamas para caer en las brasas, pero tal vez todo sea debido a las visiones del problemático muchacho, un humano poco corriente que no para de escuchar voces dentro de su cabeza.

                           
La novia imaginaria de David se llama Syd Barrett, como el fundador de la banda británica que tanto ha influido en esta serie, un tipo que sufrió múltiples problemas mentales. Las ilusiones y engaños que Haller ve en forma de gente son en realidad sus diversas personalidades que luchan por salir de su mente, un legado heredado de su tullido padre, Charles Xavier. A ello hay que sumar los poderes ocultos como el provocar incendios, alterar el tiempo, la realidad y las estructuras arquitectónicas, lo que le otorga a Legión el don de ser un mutante más poderoso que este o que Jean Grey, quizás el primero de una nueva rama surgida dentro de estos en eras como lo fue Apocalipsis.

El plan de FX para intentar reinventar el género de superhéroes consiste en mostrar un cubo de Rubik con alma, un cruce de Doce monos con Romeo y Julieta, una maravilla que no parece que sea la adaptación de un cómic habitual, tomando como referentes El club de la lucha y Matrix, pero con conexiones con el universo compartido con la saga mutante, en un método parecido al de M. Night Shyamalan cuando hizo a su manera la intrigante El protegido. La División 3 es una agencia gubernamental que va a la caza de Haller hasta que al antihéroe lo salvan los mutantes de Summerland, procedentes de un universo paralelo y que le revelan su verdadera naturaleza, descubriendo luego que su mente la ha infectado el parásito.

                                                 
Haller logra expulsar al villano de su mente gracias a la telepatía y a la telequinesis, haciendo vivir una mentira al Rey Sombra, pero la cosa no quedará ahí. En la siguiente entrada podrá verse con quien se ha topado David Haller en la segunda temporada de Legión,y ya aviso de que no se trata del Club Fuego Infernal que salió en Primera Generación, pues tanto la productora Lauren Shuler Donner como Bryan Singer, responsable de buena parte de la saga, querían desarrollar una trama diferente para no chocar con la visión de la gente de la editorial como Jeph Loeb, Joe Quesada o el propio Stan Lee, pues todos saben que esta serie ha cambiado el panorama televisivo actual en el seno de Marvel.

(Continuará)...